Terminó DebConf5. El domingo fue el último día y seguramente el menos productivo. Solo abrí la laptop para comunicar mi ausencia durante los próximos días en los proyecto pendientes. Fue día de limpieza, orden y despedidas eternas. El deseo más repetido fue: "Nos vemos en México". Las últimas firmas GPG se antepusieron a los abrazos y los gustos en conocerse. No es momento para hacer el balance (tal vez nunca lo haga), pero aprendí muchísimas cosas. De las técnicas y de las no tanto. Programé mucho solo y acompañado. Reencontré a mucha gente y conocí a otro tanto. Acerté y equivoqué. Me sirvió para recordarme lo mucho que me gusta lo que hago. Ya empiezo a hacer el countdown para DebConf6 :P.
Nosotros nos fuimos a las 9pm hora local hacia Kamppi. A las 11pm salía nuestro Bus hacia San Petersburgo, de ahora en más StP. Llegamos con tiempo, y nos sirvió para distendernos y recordar que estabamos empezando una nueva aventura: Rusia. Sorpresivamente, el Bus salió 13 minutos tarde, lo que puso de notable mal humor al conductor, quien no trataba a los pasajeros de manera muy amigable. Con el tiempo nos daríamos cuenta de que el señor es un lujo de hospitalidad, comparado con los humos rusos. Pero eso después. El hecho es que fueron unas 8 horas de viaje que se disfrutaron poco. Es de público conocimiento que dormir en esos asientos es poco menos que imposible. Para el agregado que en el cruce de frontera tuvimos que registrar pasaportes reiteradas veces. A las 7:30am (GMT+4) ya estabamos en StP, a la buena de Dios.
El finés era raro, pero suena claro como el agua comparado con el ruso. Al menos los primeros tenían el mismo alfabeto (más allá de algunas vocales estrambóticas). Además, el 95% de los habitantes de Helsinki hablan inglés. Acá el inglés es, creo, un idioma odiado. Solo una muy poca porción de gente lo habla (con increíbles dificultades) y en todos los casos se trata de menores de 26 años. El ruso se caracteriza por su alfabeto cirílico, que complica mucho su lectura fonética.
El colectivo nos dejó frente al hotel "Moscú" que, obviamente, no era el nuestro. El hotel Moscú es el equivalente al Hilton de Buenos Aires. Para ir a nuestro Hostel (Hostel != Hotel) quedaba a una estación de subte de ahí. Pero decidimos entrar para ver si podíamos comprar rubros y conseguir un mapa. Para nuestra suerte (y después de algunas confusiones con la señorita de la recepción) había una oficina de cambio las 24 horas. Lástima que en ese momento estaba cerrada. Después de unos 30 minutos de espera, llega la cajera de la oficina, masticando aún el desayuno. Con 1 euro, se pueden comprar un poco más que 33 rublos. Por lo que, a fines prácticos, decretamos que 1 peso argento eran (moneda más moneda menos) 10 rubros. Fácil la conversión. La pregunta es: ¿Qué se puede comprar con 10 rubros en StP.? La respuesta se haría esperar.
El hotel no tenía mapas (otra cosa rara), pero nos dijo como llegar a la estación de subte y para que lado tener que ir. En la estación de subte había, entre un montón de negocios, un puesto de revistas. Ahí fue donde fuimos a comprar el mapa. Estábamos con nuestras grandes mochilas en un negocio chico, lo reconozco. Pero uno persona se puso a putearnos (creo, al menos sacudía las manos como si lo hiciera) por afectar el normal tráfico de gente. La vendedora del local tampoco tuvo paciencia, y se empecinaba para contar las ventajas de cada mapa en ruso, cuando ya había quedado claro que no hablamos ruso. Para colmo todos los mapas tienen las calles escritas en cirílico y nuestras instrucciones estaban escritas con el alfabeto latino, Encontrar la forma de viajar en subte fue todo un suplicio. La gente simplemente no tiene voluntad de ayudarte. Otro tiempo llevó encontrar la boletería y pagar 10 rubros cada monedita, prima lejana del cospel.
La gente se pone realmente nerviosa cuando no le entendés. Te gritan y sacuden las manos, como si eso fuera a cambiar la situación. Además la cara de culo es la cara predeterminada en todo rostro de esta ciudad.
La estación de subte estaba, según el mapa, a 2 cuadras de la calle de nuestro Hostel. Eso sí, 2 cuadras rusas. Son eternas. Y la numeración de las calles es totalmente caótica. Se numeran las casas de corrido (no de a 100 en 100 como en Buenos Aires) y todo se complica más. Lo bueno es que logramos llegar después de un rato (demasiado largo para mi gusto).
El hostel tiene un estilo al edificio de la película "La Comunidad". Escaleras oscuras, un ascensor que destiñe desconfianza, pisos crugientes y una portera que es una puteada. Por poco no me condena a muerte cuando le entendí mal el piso donde se ubicaba la recepción (4to piso). Un amor de mujer.
A partir del 4to piso uno se siente "como en casa". Hay letreros escritos en Inglés y la gente te trata de manera normal, es decir, sin esperar que te parta un rayo. Nos tocó la habitación 8, humilde pero confortable, donde Marcela y Rezlaj estrenaron las camas con una siesta que se extendió hasta las 11am. Yo, que había logrado dormir un poco más en el Bus, me dedique a jugar con el mapa y la guía de turismo para ver que y como visitar la cuidad. Leí un poco sobre su historia y sus lugares más destacados. Traté de hacer un pequeño plan de visita.
Cuando todos estaban ya despiertos decidimos que era hora de almorzar. La señorita de la recepción nos había recomendado un lugar que definió como: "Un McDonals ruso, pero más saludable". El combo maravilla consistía en una sopa de aceitunas, papas y pollo, acompañado por té. Todo muy caliente, demasiado para el calor que hacia, unos 25 grados.
Después de un día de mucho caminar y recorrer, con datos históricos y letreros inentendibles nos merecíamos un gusto y fuimos a cenar a PizzaHut. StP. no es una cuidad cara (no tanto como el resto) por la que pudimos despreocuparnos un poco más por el tema monetario. Mañana nos queda el Hermitage, así que a dormir.